jueves, 27 de septiembre de 2012

EL PURO


   He sido fumador de puros consciente y converso hasta hace poco,  por lo que entiendo bien el placer que se experimenta saboreando un buen habano,  o con permiso de éstos,  un dominicano,  bien conservados ambos y en su justo punto de humedad.  Su sabor  es tan intenso como desagradable el olor para quienes padecen su compañía.   Es que bueno,  lo que se dice bueno de verdad,  no hay nada y todo tiene su   " pero ",  asociado.  Este sería el pero del puro.
   Ver al presidente exhibiendo uno por las calles de Nueva York me ha producido envidia,  porque aún se me van los ojos tras un buen puro,  allí bien lejos de la algarada y los porrazos.
   Zapatero,  algo bueno sí que tenía,  también fumaba aunque cigarrillos y siempre tenía a mano un paquete de LM.  Si no,  los pedía.   Carrillo,  don Santiago,  también lo hacía pero a destajo,  como el buen obrero que nunca fué.  Franco no fumaba,  ni bebía,  ni ná de ná.
   Lejos de hacer apología del añorado proceder,  reconozco que se me hace difícil criticar a un fumador de puros,  aunque éste sea el mismísimo Rajoy
   Hace mucho tiempo que aprendí una regla muy recomendable para hablar mal de alguien:  hacerlo previamente bien,  aunque esté mal visto,  para contrastar perfiles.  Solo cuando lo negativo supera con claridad la confrontación,  procede la crítica. 
   De don Mariano he hallado que fuma puros de buena vitola y mejor precio y me parece suficiente en su haber.  Lo del debe se lo apuntaré a Aznar como demérito,  ya que fué él quien lo eligió para dirigir el partido,  fastidiar a Rato y humillar a Mayor Oreja.  Es que no fuma y se le nota.
  

  
  

  
  

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