viernes, 21 de septiembre de 2012

LA VENTANILLA

    Han pasado varios días sin abrir la ventanilla tras el mazazo del fallecimiento de Antonio;  se han conjugado diversas circunstancias para mantener vacío este modesto espacio.   Hoy,  reapertura.
    Me sorprende comprobar como tras unas jornadas en blanco nada ha cambiado.  Si queremos llamar así a la desaparición física de Santiago Carrillo y espiritual de Esperanza Aguirre.
    Uno con un lamentable pasado,  blanqueado por su espléndida actuación en la transición española y refrendado por una más que brillante vejez,  lúcida,  franca,  sin complejos.
    Otra,  de brillante pasado y frustrado presente;  porque así se llama quedarse a medias cuando el ansiado destino está,  como el servicio del bar,  ocupado.  Más aún cuando quien lo ocupa ni lo luce ni lo llena.
    Pero,  para consuelo de soñadores y trileros,  Mario Conde,  sí hombre,  el de Banesto,  aquél que dió con huesos,  gomina y soberbia en la cárcel,  se estrenará pronto en  política en las elecciones gallegas.  Igual le vota alguien.
    Por aquí seguimos con nuestra deuda al Deustsche Bank,  o sea,  con  Alemania.  Hace años ya que un tarado mental llevó a este país a provocar un desastre humano de colosal magnitud y ahora otro,  físicamente disminuido,  lleva las riendas de la mayor y más despiadada gestoría de cobros de la historia.
   El resultado,  facilitado por una clase política mediocre y afín al objetivo,  será el más cobarde saqueo social que recuerde la historia moderna española.
   A todo esto,  el miope activismo catalán,  consciente de la debilidad de un gobierno sin liderazgo,  ve el momento indicado de hurgar en la herida nunca cerrada.  Como nuestro fiel amigo moro del sur,  que redescubre Peregil  y otros islotes cuando el viento sopla a favor.   Sobran amigos a España,  fuera y dentro.
   A uno le traen sin cuidado los pobres moritos que se la juegan por un bocata mientras en Cataluña los empresarios no cagan duro hace ya días.
   Abrir la ventanilla tras unas jornadas de descanso apenas refresca el ambiente.  Permanecía cerrada desde la lamentable falta de Antonio Charles,  buen catalán y mejor amigo.   Está igual de cargado o,  si usted me lo permite,  aún más. 

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