sábado, 12 de enero de 2013

GRIÑÁN

   Griñán,  llamadme Pepe,  es un mal menor para Andalucía,  una minúscula tabla de salvación para el náufrago,  la decepción personificada.  Mejor que Arenas,  la nada,  dicen algunos.
   Con las maletas hechas y un sinfín de documentos destruidos,  las últimas elecciones depararon a este personaje gris unos resultados que ni él mismo esperaba:  surgía la posibilidad de mantenerse a flote con la ayuda del otro mal menor.  Aquellos a quienes solo votan los descontentos con los demás.
   De Arenas no se fía ni su espejo y hace bien,  por ello solo queda confiar en la mediocridad de quien habiendo tenido la oportunidad de cambiar la faz de Andalucía,  durmió en los laureles de la inoperancia y bordeó la corrupción,  por ignorancia interesada,  por desinterés o incapacidad.
   Basta un vistazo a sus principales sostenes en el partido para comprobar que le asusta la competencia.  Prima al recadero sobre el consejero,  hace de su propia mediocridad tabla rasa.  Es lo que tenemos y así nos va.
  

2 comentarios:

  1. Es que esto no es una democracia,esto es una especie de pseudodictadura electoralista,en la que sean todos buenos o malos hay que elegir a uno de ellos aunque sean lo mismo uno u otro.Se puede votar en blanco,pero eso favorece a uno u otro.Y la democracia se tendría que ejercer desde abajo,que es desde donde hay que hacer limpieza para llegar al origen de este,y tan siquiera hay listas abiertas http://virgueriasilustradas.blogspot.com

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  2. Estoy de acuerdo, María. El actual sistema posibilita que a la política se dedique gente mediocre que difícilmente tendría mejores ocasiones en la empresa privada. Dicho esto sin querer generalizar, porque también es cierto que hay gente digna en la gestión pública.

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