martes, 9 de abril de 2013

LA PORTUGUESA

   Las playas de Cádiz han debido ser cerradas al baño por la aparición de numerosos ejemplares de la carabela portuguesa,  una especie de medusa especialmente tóxica.
   Los niños de mi época,  los que vamos quedando,  jugábamos con estos bichos en las playas,  llevándolos con un palo hasta la arena.  No sabíamos si eran portuguesas o no,  no se les veía el bigote,  pero a mala leche no les ganaba nadie.  También las había muy pequeñas,  aguasmalas les llamábamos,  con finísimos tentáculos de color rojizo y más difíciles de detectar hasta que notabas su urticante roce. 
   Las playas empezaban a poblarse de suecas en bikini y eso  parecía más tóxico a las pecatas autoridades del momento,  bajo el palio de la siempre vigilante iglesia que sí parecía ver bigotes saliendo de los escuetos bañadores de esas benditas visitantes.  Frente al bañador enterizo y con púdica faldita de las españolas,  el atrevido dos piezas era toda una promesa de vaya usted a saber qué cosas,  que la imaginación al menos sí que era libre siempre que no se expresara.
   Entonces había cangrejos en las playas y conchas,  muchas conchas,  dicho sea sin intención aviesa  y un guardia que no dejaba jugar a la pelota a los niños que cazábamos medusas y mirábamos extasiados a aquellas señoras de por ahí que tomaban el sol como Dios las trajo al mundo,  según Don Camilo,  el párroco de San José,  siempre en su particular cruzada contra el desenfreno carnal y quienes se hacían el loco en la colecta del domingo.
  
  
  

2 comentarios:

  1. qué lindos recuerdos
    al menos las medusas cada cierto tiempo vuelven
    los que no vuelven son esos asombros mozos

    abrazos

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    1. Lejos están, Elisa, bien lejos en mi caso. Vuelven las primaveras, los alegres estorninos, el olor a jazmín y azahar, la luz; siempre vuelven. Nosotros viajamos en una sola dirección. Disfrutemos del camino y el tiempo del que disponemos para hacerlo. Besos

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