viernes, 1 de noviembre de 2013

DIFUNTOS

     Ser difunto no es sino una involuntaria vocación de vivos y estado civil de muertos;  en el fondo son dos alternativas,  a cual más aterradora,  pero inevitables.
     Hay gente que no se quiere morir,  mire usted,   pero vive en riesgo.  Me explico:  conducimos en carreteras llenas de descerebrados pasados de coca o alcohol y niñatos al volante atendiendo el wassap;  a la guardia civil solo se la ve cuando ocurre algo.
     O compra usted,  Dios le mantenga la vista,  acciones de Bankia  porque la dirige un tal Rato,  que fue según algunos un ministro milagrero.  O acude a una fiesta en el Madrid del relaxing cup de la peor alcaldesa de todos los tiempos.
     O viaja usted a Barcelona,  donde hay más mossos   que chorizos.
     Por acción u omisión,   por cabreo y subsiguiente infarto,  todos somos candidatos al crematorio.  Después tirarán sus cenizas al mar,  vaya guarrada.   Así el besugo,  dígame usted si exagero,  sabe cada vez peor.
     Nos pasamos la vida pagando una póliza en previsión de los gastos causados por la muerte.  Es el único seguro que no queremos cobrar.
     La Iglesia católica reza a diario por los que le son fieles y a los otros que les den viento fresco,  por no decir lo que usted imagina.   Es un estado,  lo de ser difunto digo,  poco deseable,  caro y complejo.  Pero les dedicamos un día,  quizás para olvidarlos el resto del año.
    
    

4 comentarios:

  1. Unos pensamientos muy del día que celebramos que invitan a reflesionar aunque sea un día al año.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, Tracy. En la puerta del antiguo cementerio de Cádiz, esculpida en piedra, figura esta inscripción: " Vaticinare de ossibus istis ".

      Eliminar
  2. Bueno a mí no me gusta hablar mucho de muertos. Como ahora estoy entre vivos me gusta compartir con los vivos, y cuando esté entre los muertos ya me echaré unas parrafadas con los muertos.

    Un abrazo Andrés.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya veo que te da algo de yuyu el tema. Lo cierto es que hay que temer mucho más de los vivos, Rafa.

      Eliminar