miércoles, 1 de enero de 2014

OTRO AÑO

        No voy a comenzar el año tomando en serio cuanto acontece.  Después de todo empiezo a ser una reliquia de mí mismo y tengo bastante menos camino por andar que cuanto llevo andado;  así que no tengo prisa y voy despacio.  He llegado demasiadas veces a donde me proponía y ahora es tiempo de desaprender tanto conocimiento absurdo que acumulé en la creencia de que me haría crecer en vaya usted a saber qué cosas.
       Por eso sonrío y lleno así de luz una calle triste y sorprendida.  Y no me río del frío,  ni del hambre,  ni de la estupidez de quienes no entienden mi gesto y les inquieta.
       La bolsa ha subido otra vez casi tanto como la miseria y es que la una empuja a la otra cuando no toma las antorchas y pide sitio. 
       Alguien se ha parado ante mi figura extravagante y me ha deseado feliz año no sé cuantos.  Se ha sorprendido cuando le he mandado a hacer puñetas sin perder mi sonrisa.  Seguramente llamará a los guardias.

4 comentarios:

  1. Bonito texto, que nos da para mucho que pensar y reflexionar. Cuántas y cuántas veces mandarías a más de uno al carajo con la mejor de tus sonrisas, y sobre todo estos días. Pero en muchas ocasiones te tienes que morder los labios y desear lo mejor a quien no lo merece.

    Un abrazo Andrés.

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    1. Un fuerte abrazo, Rafa. Al menos no van a callarnos.

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  2. Oye, sí, nada más desconcertante que una sonrisa y una mala palabra.
    Tu narración es lúcida.

    Saludos.

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    1. De acuerdo contigo, Beatriz. Sonriamos. Bienvenida con mis mejores saludos.

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