domingo, 20 de abril de 2014

SEMANA SANTA

     Acaba la Semana Santa española,  mitad sentimiento mitad folklore,  entre suspiros de capillitas y hosteleros.
      Con Franco estábamos unos días sin cine por estas fechas,  de obligado luto nacional.  Incluso se ordenaba cerrar sus puertas a las casas de trato,  precursoras de la actual industria del puticlub,  al menos aparentemente.         Solo una llamada del gobernador civil de la provincia autorizaba a algún elemento salidillo a saltarse la santa cuarentena,  generalmente  afectos al movimiento,  llamados así aquellos que  " lejos de todo procedimiento delictivo obedecieron el impulso del más fervoroso patriotismo y en defensa de los ideales que provocaron el glorioso alzamiento contra el frente popular ".   Pero llevaban mal no follar esos días.
     Y hablando de afectos,  es curioso como a la llamada del nuevo Papa,  que cada vez es menos nuevo y  más defrauda de ofrecer cobijo a los pobres,  responden las monjitas y monjitos del país llenando sus conventos de ricos a precio de mercado.  No dormiría yo tranquilo en según qué sitios,  quizás porque no soy rico.
     Y mientras,  el capataz de la cuadrilla de costaleros de una cofradía brinda la levantá de un paso cargado de lujo a los necesitados.  ¡ Al cielo con ella!.   Al cielo con ellos,  faltaría más.
      Ahora toca rematar con otra tradición,  triste y salvaje,  en la que muchas localidades maltratan a un pobre toro al que hacen recorrer las calles jaleados por la incultura y el alcohol,  que tan buen maridaje hacen en según qué fiestas y lugares.
      En televisión nos pondrán otra vez Ben-Hur,  por si alguien aún no la ha visto.   Allá donde las monjitas,  los pobres se quedan en la puerta para pedir,  que para eso son pobres,  y solo entran los ricos porque aquello es de pago.  Se marcha la Semana Santa pero aún huele a incienso y a azahar.  Y a España.
     

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Cierto. El progreso, por así llamarlo, hacia el punto de partida.

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  2. Menos mal que algo ha cambiado, ya que te podían denunciar por poner la radio alto, o por silbar por la calle. Había que guardar más luto que cuando a uno se le muere la madre.

    Un abrazo Andrés.

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    1. La España en blanco y negro a la que algún papafrita quiere hacernos volver.

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